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Hola a todos.

Antes que nada quiero decir que este escrito lo hice por recomendación de mi psicóloga, pero al buscar en internet y ver que hay otras personas que han vivido la misma situación que yo vivo, decidí compartirlo.

Voy a omitir nombres por obvias razones, poniendo sólo la primera letra y voy a tratar de ser breve para no aburrirlos.

Mi nombre es “J”, tengo 27 y soy originaria de México; pero desde hace ya un poco más de tres años vivo en la ciudad de Atlanta, Estado Unidos.

Decidí venirme para acá porque tenía un ex novio me acosaba mucho y como en ese momento ya estaba con otro chico, él me convenció para cruzar la frontera y que ya nos dejara en paz.

Yo conseguí un buen empleo porque hablo bien el inglés, pero él no y como no le gustaba sufrir, me pidió regresarnos, pero yo no quise y me quede sola aquí al final.

Tengo dos hermanas, “A” de 25 y “M” de 23. “A” había intentado ingresar sin éxito a la universidad y termino trabajando de Cenicienta en uno de esos negocios que hacen fiestas para niños.

Ella y yo siempre fuimos muy apegadas y seguido hablábamos por teléfono por larga distancia. Yo le platicaba lo bien que me iba hasta que me di cuenta que ella no me decía nunca nada porque lo mal que le iba.

Un día me preguntó que qué me parecía la idea de que ella se viniera acá conmigo, y a pesar de que me daba miedo que se viniera solita accedí.

 Llegó tres días después de la fecha que me había dicho y al verla sentí un gran alivio y un deseo enorme por abrazarla.

Ese día se instaló en la casa. Antes de que se viniera yo le advertí que sólo había una habitación y que tenía que dormir provisionalmente en el sofá, pero a ella no pareció importarle. Ya de noche, la vi acostarse en este sofá y me partió el alma. Le pedí que se pasara conmigo a la cama y, sin que le dijera dos veces, rápidamente ya estaba bajo las sábanas.

Recuerdo que ese día me sentí incomoda por el poco espacio que tenía para dormir, pero así pasaron los días y me fui acostumbrando a tener a mi hermanita junto a mí todas las noches.

Hicimos un trato, yo trabajaba y ella se ocupaba de limpiar la casa y tenerla ordenada, además de cocinar, siendo que ella lo hace muy bien.

Como a las dos semanas de su llegada, veíamos la televisión en mi día de descanso. No recuerdo que fue, pero pasó algún comercial que nos hizo tocar el tema del sexo. Ella riendo me dijo que quería comprarse un dildo y yo le dije que estaba loca, pero ella me dijo que era en serio, argumentando que era poco probable que conociera un chico siendo que casi no salía, además de que no se iba a acostar con cualquiera.

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Me convenció de llevarla a una “sex shop” al decirme que las mujeres tenemos necesidades y derecho de complacerse.

No quiero aburrirlos con la experiencia de ir a esa tienda pero nos dio mucha risa todo el camino de regreso.

El porqué de esto que estoy haciendo (escribir mi experiencia con la intención de sacarlo) viene de un sábado por noche que estábamos en el departamento.

 Cenamos y “A” abrió un vino, comenzamos a jugar “sacrabble”, un juego de mesa, pero nos resulto aburrido. Recordamos lo que jugábamos cuando estábamos en la preparatoria, y al acabarnos la segunda botella de vino, ella la tomó y empezó a girarla en medio de nosotras. “Castigo, me toca castigarte” me dijo casi gritando y así empezamos a jugar a la botella. Obviamente eran castigos ridículos entre hermanas, como hacer que me echara a la boca una cucharada de sal, pero sin darme cuenta éstos fueron cambiando. Recuerdo que primero me castigo dándome una nalgada con todas sus fuerzas (la cual me dolió bastante) y también haciéndome oler sus calcetas sucias. Después el castigo fue que me bajara el pantalón de la pijama para darme otra nalgada y luego le cambió haciéndome que oliera sus calzones sucios. Primero me pidió que le diera un beso en el zapato y luego me pidió que lamiera su pie. Por el alcohol teníamos muchísima risa y yo tenía que decirle a cada rato que no hiciera tanto escándalo. Con otro castigo me pidió que me quitara el pantalón y saliera en calzones de la casa hasta unas escaleras que hay como a 50 metros de la puerta y me regresara. Yo le dije que no porque me iban a ver los vecinos. Al yo castigarla a ella, recordé lo que quería hacerme y le dije que lo hiciera ella y así fue, se atrevió a salir de la casa en calzones. Al regresar, no se puso los pantalones y me dijo que con cada castigo nos íbamos a quitar una prenda, y la que terminara primero sin nada de ropa, iba a salir a las escaleras así. Yo le dije que estaba loca pero al final me convenció. Todo fue tan rápido. Parece que el propósito era desnudarnos. Al final yo perdí pero no quise hacerlo.

Con este juego, conocí el cuerpo desnudo de mi hermana, y recuerdo que no paraba de verle los senos y yo creo que a ella le pasaba lo mismo, puesto que nunca nos habíamos visto así. Me da mucha pena decirlo pero ese fue momento cuando empecé a lubricar. Se me hacía muy morboso estar ahí desnuda con mi hermana. Ella me dijo muchas veces que le debía un castigo y cuando nos fuimos a la cama ya nos habíamos vestido y aparentemente ya se había acabado todo ahí. Ya estábamos borrachas y yo no sentía sueño. Apagamos las luces.

Mi cuarto es completamente oscuro, cuando no hay luz no puedes verte ni la palma de tu mano. “A” empezó a voltearse de un lado a otro como no pudiendo dormir y después de unos minutos comencé a escuchar su respiración cada vez más profunda. Fue entonces cuando me di cuenta que se estaba masturbando. Yo no quise decirle nada, y no me gusto imaginarla con su dildo, pero me puse a pensar y recordé no haber visto que metiera algo a la cama. Cuando me di cuenta yo también respiraba profundamente y fue cuando comencé a mojarme otra vez. Sentí como su brazo rosaba el mío y me imaginaba cómo metía su dedo en su vagina y me excité completamente. Casi gimiendo le pregunte “¿te estás masturbando?” y de igual forma me contestó con un “aja”. Yo tenía ganas de hacerlo también y de pronto ella tomo mi brazo y orientó mi mano hacia mi vagina, la metí dentro de mis calzones y al sentirme empapada no pude evitar masturbarme junto a mi hermana. Yo no veía nada, pero de pronto comencé a sentir su respiración cerca de mi mejilla, y sin querer que ella se diera cuenta de mis intenciones me acercaba poco a poco a esto que me llamaba. Por un gemido volteé mi cara y quedaron nuestras bocas muy, pero muy cerca, y así nos quedamos por un momento, respirando el mismo aliento hasta que ella me besó. Ya no quiero darles más detalle pero terminamos haciendo el amor.

Al otro día despertamos desnudas, me levante y busqué mis calzones y recuerdo haberme sorprendido al encontrarlos todavía super empapados.

Con mi hermana lo hablé y acordamos que había sido una experiencia agradable pero por nuestro bien, jamás íbamos a volver a hacerlo. Parece que ese trato, esa prohibición, ha provocado que lo hagamos todos los días desde entonces.

Salgo del trabajo deseosa de llegar ya a casa con mi hermana. Ella me espera siempre y antes que nada hacemos el amor. Ahora ya lo hemos hecho con la luz prendida.

Amiga que me estás leyendo, quiero decirte que eso no ha sido lo peor hasta ahora.

Después de algunas veces de estar juntas, “A” comenzó a hablarme de nuestra hermana “M” mientras lo hacíamos. No sé por qué, pero esto me excita demasiado también. Me pide que imagine su cuerpo y me pregunta qué se sentirá hacerlo con ella y que estemos las tres.

Creo que este deseo de estar con ella, provoco que “A” le pidiera a “M” que se viniera a vivir acá a los Estados Unidos. Yo le pedí que ya no lo hiciera porque también me daba miedo que se viniera solita y aparte me moría de pavor que se diera cuenta de lo que hago con “A”, e incluso llegar a involucrarla, porque sé que no está bien; pero después de unas semanas y dos intentos por cruzar, hace veinte días ya que ella vive con nosotras.

Obviamente “A” y yo no le hemos dicho nada y ya no hacemos nada en las noches como antes, pero ya van dos ocasiones que aprovechamos para hacer el amor sin que se dé cuenta “M”.

Hay algo que “A” hace; toma los calzones de “M” de la ropa sucia y me hace olerlos mientras me habla de ella. Me ha hecho que los lama… ¡y esto me vuelve loca!

La última vez nos besamos con una tanga de “M” en nuestras bocas y al sentir la saliva de “A” y el sabor de “M” en mi boca me vine como nunca en la vida.

Comencé a ir con una psicóloga para que me ayude y me pidió que escribiera todo lo que ha pasado.

La verdad ya me siento un poco mejor, pero sí, me da miedo abusar de mi otra hermanita y hacerla una pervertida como nosotras. Ja, lo pienso y me mojo.

Por cierto, curiosamente nunca hemos ocupado el dildo de “A”. Ciao